Clarín Pymes

06.03.17.

Las puntocom de la biotecnología

La Cámara Argentina de Biotecnología decidió finalmente llevar adelante una iniciativa en la que venía trabajando desde el 2015. Es la consolidación de una `company builder`, bautizada Grid Exponential, con 1.200.000 dólares para invertir este año.

Por Hernán Murúa

Emprendimientos que son verdaderas maderas microfábricas de insumos con alto valor agregado para la industria alimentaria, pero también para la salud.

Es un pequeño paso para la economía argentina, pero un gran salto para las pymes biotecnológicas. Lo acaba de dar la startup Keclon, al cerrar una inversión de 4 millones de dólares por parte de una de las principales compañías alimentarias de nuestro país. Esa suma le permitirá construir una unidad de producción de escala industrial. Fundada en Rosario, Keclon se dedica al desarrollo de nuevas enzimas capaces de eliminar impurezas en los procesos de producción de aceites y biodiesel de origen vegetal. Principalmente: estéril glucósidos y monoacilglicéridos saturados.

Ya había conseguido dos rondas de financiación con fondos locales por 600.000 y 750.000 dólares, respectivamente, junto con subsidios del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) por 1.800.000 pesos. Esos montos, de hecho, le permitieron desarrollar tres familias de patentes internacionales. `Queremos crecer en la Argentina y Brasil`, indica Hugo Menzella, socio cofundador de la iniciativa.

Otra iniciativa que apunta a la sustitución de enzimas importadas de uso industrial, en este caso para el sector olivarero, también acaba de ser reconocida.

Flamante ganadora del Premio Innovar otorgado por el MINCyT, EZBiotech nació en 2011 precisamente con ese propósito: sus integrantes desarrollaron un preparado capaz de incrementar la licuefacción de la pectina, un polímero que dificulta la clarificación del aceite de oliva. `De esa manera, ayuda a que el filtrado se realice con mayor velocidad y menor consumo energético, además de extender la vida media de los filtros`, explica Gastón Ortíz, investigador del Conicet e integrante del equipo.

El proceso de producción de las enzimas es por fermentación en estado sólido, de bajo costo de inversión inicial. Su planta piloto, ubicada en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de Chascomús, usa como materia prima residuos agroindustriales como salvado de trigo o cáscaras de arroz y de naranja.

Un proceso burocrático

Federico D´Alvia, socio de Stamm, plantea que innovar en el campo de las startups biotecnológicas es caro y lleva mucho tiempo. `El trabajo interdisciplinario es clave para encontrar soluciones. Pero los formatos de colaboración no son suficientes para que nuevas empresas puedan tener una relación competitiva con instituciones y corporaciones internacionales`. Un ejemplo de ello podría ser el caso de Phylumtech, proyecto iniciado en 2009 como un consorcio público privado bajo incubación del Instituto Leloir y que había levantado 500.000 dólares del concurso Empretecno del MINCyT. Lo hizo con un lector de movimientos de microorganismos, que sigue vendiendo a laboratorios de investigación de fármacos y agroquímicos de los Estados Unidos, Europa y Asia por unos 250.000 dólares anuales. Sin embargo, en 2015, la iniciativa pivoteó hacia un objetivo mayor: desarrollar uno o más biopesticidas mejores que los disponibles en el mercado, en un proyecto de al menos tres años de trabajo. Si bien la movida les permitió recibir otra inversión de 550.000 dólares, esta vez por parte de la company builder CITES, y mudarse a Súnchales, provincia de Santa Fe, su concreción requiere de alianzas con grandes proveedoras de agroquímicos que aporten fondos para desarrollar los productos, hasta el momento no concretadas. Por eso, ahora apunta a una opción intermedia: implementar una propuesta de servicio de laboratorio en la nube, bautizada Lab as a Service.`Buscamos apalancar el modelo de servicios a clientes más pequeños y tener una vidriera para mostrar las propuestas`, puntualiza Sergio Simonetta, socio cofundador del proyecto. `Los tiempos y la burocracia para colocar un producto de este tipo suelen representar una complicación. Entendemos que eso puede mejorarse, lo que daría a estos proyectos un gran impulso`, observa Matías Peire, CEO de Grid Exponential. Desde Biotecnova, iniciativa creada en 2013 por María Laura del Valle Marcos y Yamila Cutraro, también trabajan en el desarrollo de insecticidas biológicos para el control de plagas agrícolas de distintos tipos. En su caso, lo hacen sobre la base de hongos entomopatógenos. `A diferencia de los insecticidas químicos, nuestro producto no es tóxico, no genera resistencia por parte de los insectos, no contamina el medio ambiente, es de amplio espectro, tiene alto poder residual y es económico`, enfatiza Marcos. Superada con éxito la etapa de escalado industrial en una planta de producción de Pilar, el proyecto todavía espera completar las aprobaciones del Senasa, la autoridad regulatoria, para dar el puntapié inicial a su etapa de comercialización. En el ínterin, obtuvo subsidios del Ministerio de Producción y de diferentes competencias de emprendedores por un total de 700.000 pesos, junto con otro fondo que más que duplica ese monto, por parte del MINCyT. `Aspiramos a vender nuestro desarrollo a productores de soja, trigo, girasol y algodón, mediante una empresa a la que le realicemos la transferencia tecnológica a cambio de regalías`, subraya Cutraro.

Los ejemplos ya mencionados parecen ser apenas los botones de la muestra. De hecho, el sector está en la mira de cinco de los diez principales inversores en capital emprendedor con actividades en nuestro país, de acuerdo a un relevamiento de Pymes.

Incluso, la propia Cámara Argentina de Biotecnología, integrada por firmas de la talla de Aceitera General Deheza, Arcor, Insud, Molinos y Ledesma, decidió finalmente llevar adelante una iniciativa en la que venía trabajando desde el 2015. Es la consolidación de una `company builder`, bautizada Grid Exponential, con 1.200.000 dólares para invertir este año. En concreto, se propone indagar acerca de las líneas de investigación biotecnológica con mayor potencial de transferencia, en especial en el área de alimentos, para luego buscar emprendedores que las concreten.

`La Argentina tiene un campo muy grande para crecer, principalmente por dos razones: una muy buena matriz científica en biotecnología y, sobre todo en alimentos, un mercado que permitiría proyectar empresas internacionales`, subraya Matías Peire, CEO de la iniciativa. Pero aclara: `El foco está hoy puesto en resolver problemas tecnológicos o científicos y no del mercado. Vemos grandes capacidades, pero sin una contención que les permita hacer esa formulación correcta`.

A Stämm, por ejemplo, la interacción con Grid Exponential le ofreció la posibilidad de rediseñar el modelo de negocios y de cerrar una ronda de inversión por 200.000 dólares. `Apuntamos a crear microfábricas con bioprocesos estandarizados en baja escala, inmersas en una plataforma global. Nuestro primer producto es la levadura líquida para cerveza artesanal`, ilustra Federico D´Alvia, socio fundador de la startup alumbrada en 2013, gracias al apoyo de IncUBAgro y de diversos programas de los ministerios de Producción y Agroindustria. Asegura que, con un portafolio de 26 cepas de levadura, su iniciativa está en condiciones de brindarles a los fabricantes de cerveza la opción de encontrar el sabor único que los identifique. No obstante, a su juicio, lo innovador del proyecto es la forma de entender el mundo: `La promesa final de nuestra plataforma de microfábricas en red es cambiar el paradigma industrial de la producción biotecnológica y democratizar el acceso a los bioprocesos`.

Oportunidades

El mercado de biotecnología global registra ventas anuales por 323.000 millones de dólares, con un alza de 3,7% en ese mismo período, según el último reporte de Ibisworld. Incluye 6.956 compañías que generan 564.000 puestos de trabajo, con el propósito de elaborar productos farmacéuticos, cultivos resistentes a las plagas y biocombustibles, entre otros productos. Pese al aumento de su inversión en investigación y desarrollo, los planes de los 03.2017 PYMES grandes jugadores se orientan hacia estrategias de crecimiento de menor riesgo, como asociarse a instituciones académicas o adquirir pymes con productos en sus últimas etapas de desarrollo.

Allí es donde radica la oportunidad para emprendimientos como Poldream Biotech, creado en 2015 y con sede en General Roca, provincia de Río Negro, más precisamente en la Facultad de Ciencias y Tecnologías de los Alimentos de la Universidad Nacional del Comahue. Su intención es producir el biopolímero Quitosano y el colorante natural Astaxantina, a partir de las 45.000 toneladas de residuos que deja la industria del langostino y el camarón en las costas patagónicas. De esta manera, intenta sustituir una importación proveniente de China, que supera los 13,5 millones de dólares anuales.

`El objetivo es la venta directa a empresas que utilicen nuestros productos como materia prima de biofertilizantes, conservantes de alimentos, balanceados para cría de salmones o clarificantes de vinos`, puntualiza Florencia Drachemberg, socia cofundadora de la startup incubada en La Plata Hub y financiada con fondos propios. Aunque todavía espera la ejecución de dos subsidios ya otorgados por los ministerios de Producción y de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, pero no efectivizados.

Lo innovador de su proceso consiste en aplicar el metabolismo microbiano en la desproteinización de los exoesqueletos de camarones y langostinos. `Esto brinda ventajas ambientales y favorece la calidad de los productos finales. Se reemplaza el uso de ácidos y bases inorgánicos, empleados en el método tradicional, aplicando un proceso biotecnológico para lograr la recuperación de los compuestos bioactivos`, precisa la experta.

Se trata de una de las flamantes iniciativas que pretende sumarse a los dos centenares empresas dedicadas en la Argentina a la producción biotecnológica, de acuerdo con la cámara que en parte las representa. Para más datos, sus ventas superan los 17.000 millones de pesos al año, y la inversión en investigación y desarrollo suma unos 700 millones, según las últimas informaciones disponibles. El número de investigadores, técnicos y personal dedicado a dicho rubro, en tanto, contabiliza unas 1.100 personas.

Otro ejemplo en ciernes es el de ECEtech, un proyecto de empresa de base tecnológica gestado en 2015 en el Laboratorio de Estudios Farmacéuticos y Biotecnología de la Universidad Nacional de Tucumán y el Conicet. Su finalidad, producir celulosa bacteriana y otros polisacáridos de interés industrial.

`Nuestros productos son prototipos de excipientes (se refiere a los diluyentes, recubridores, edulcorantes y saborizantes usados para administrar el principio activo por ejemplo de una droga) destinados a la industria farmacéutica y alimentaria. Pero también trabajamos en el desarrollo de nanoformulaciones y filtros industriales`, sostiene Eugenia Sesto Cabral, investigadora del Conicet y cofundadora de la iniciativa. `Nuestro modelo de microfábrica requiere de una infraestructura e inversión mínimas y puede colocarse casi en cualquier lugar. Creemos que la tecnología para la producción biotecnológica sigue una curva exponencial de eficiencia y competitividad. De hecho, consumimos el 10% del agua y el 3% de la energía que involucra un proceso físico-químico tradicional`.

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