21.01.21.

Biotecnología: cuál es el destino del nuevo semillero de científicos argentinos

Juana.M. tiene 18 años y está terminando su ingreso a Biología, en la UBA. Se trata hoy de una carrera que tiene una enorme proyección a nivel local e internacional ya que las miradas están puestas hoy en fortalecer las habilidades de los científicos. Sin embargo, no está muy segura de que su destino esté en la Argentina. Ya en los inicios de sus estudios, mira al mercado externo porque considera que habrá más oportunidades y mejor financiamiento para proyectos. El enorme desafío que enfrenta la Argentina es, entonces, que Juana elija quedarse en su país. ¿Cuál es entonces el panorama que enfrenta?

Con la pandemia del Covid-19, la ciencia logró un lugar estratégico en la agenda política y social. En ese marco la Argentina tiene posibilidades de aumentar la performance de sus empresas de biotecnología y, a la vez, exportar más. En la región el país tiene una buena posición, no sólo es pionero en investigaciones sino que también el sector evoluciona con datos que -coinciden los especialistas- permiten ser optimistas.

“La Argentina siempre se caracterizó por tener muy buena ciencia. A eso se le agrega que se armaron los vehículos para que el científico ingrese al mundo de los negocios y los empresarios incursionen en el de la ciencia. Hay mucha pyme y compañías nacientes de base biotecnológica. Desde el arranque hay una mirada en el mundo“, describe Sebastián Bagó, vicepresidente de la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB).

Insud es el holding nacional mejor ranqueado en el mundo en industria farmarceútica; su laboratorio mAbxience fabrica la vacuna contra el Covid-19 de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca. La directora de Innovación del grupo, Graciela Ciccia, plantea que la Argentina tiene una posición “relevante” en biotecnología porque cuenta con recursos humanos capacitados y una industria ya desarrollada. “Además, hay un semillero de nuevas empresas que se han pensado con impacto global; nacieron con la mente afuera”.

Coincide con Bagó en que la pandemia implica “un antes y un después” en la valoración que la sociedad hace de la ciencia: “Las estrellas en este período son la biotecnología y las tecnologías de la información, ambas llevan a la industria 4.0. Me ilusiona que desde la Argentina se hayan hecho aportes para detección, tratamiento y prevención del coronavirus, no sólo desde Insud. Es un movimiento que crece con fuerza; hay mucha energía de jóvenes científicos asociados con empresarios. Hay conciencia de que las empresas intensivas en conocimiento son el futuro”.

Matías Peire, fundador y CEO de la aceleradora GridX y referente en desarrollo de empresas de biotecnología, enfatiza que el mercado internacional es “muy atractivo” para el sector. “Está en construcción; hay demandas latentes que irán emergiendo con fuerza porque estas empresas pueden cambiar la matriz productiva en muchos sectores. Es una gran oportunidad”. Insiste en que en el país es importante la cantidad de talento “muy competitivo” en términos científicos. El gran desafío -dice- es transformarlo en “empresas concretas”. En ese ámbito se desempeña GridX, articulando las iniciativas en “propuestas de negocios atractivas para el mundo”.

Repasa que la aceleradora empezó con la intención de invertir en proyectos de base científica, pero se encontraron con que primero debían trabajar para “formularlos bien, rediseñarlos”. Así, van al sistema científico a buscar iniciativas, colaboran en el armado de equipos, formulan el negocio y presentan ofertas de inversión. GridX es el primer inversor; aunque se iniciaron hace tres años, cerrarán este período con 30 proyectos y el plan de expansión regional apunta a 150 en 2027. Tienen una amplia diversidad de rubros.

El rol del Estado

Como modelos de desarrollo del sector, las fuentes apuntan a Israel y Estados Unidos por su nivel de inversión en I+D y, en el primer caso, por el alto número de startups por habitante (una cada 1800) aunque admiten que las coyunturas económicas establecen limitaciones. La Argentina, según Bagó, tiene “todo” para seguir creciendo; advierte que “siempre” la estabilidad fiscal y jurídica ayudan en especial por ejemplo en rubros que desde que empiezan a investigar hasta que venden lo que generan puede pasar una década acumulando crédito fiscal. “Los tiempos del Estado y de los privados son distintos, pero hay que buscar el equilibrio; jugar en ligas mayores implica que no existen atajos pero los procesos pueden ser estrictos y ágiles, con la eficiencia como objetivo”, apunta y agrega que otro factor que colabora es la innovación abierta, el acceso a lo que hace a la ciencia.

Asegura que en los últimos años, más allá del color político del Gobierno, el sector público incentiva al sector; menciona como ejemplos las leyes de biotecnología y la de Economía del Conocimiento. “Todos los productos que surgen son de alto valor agregado, sustituyen importaciones e ingresan divisas. El empleo que se crea es de alta calidad. Hay que fortalecer la base de empresarios que invierten y apuestan”, sintetiza. Apunta que el sector farmacéutico tiene “mucha tradición” en el país y sus compañías compiten “en todo el mundo con altos estándares de calidad; hay espacio para seguir trabajando y, además, está el agro argentino que se codea con las grandes potencias y al que la innovación lo hizo mucho más eficiente. Son rubros con efecto dominó”.

Para Ciccia un papel importante del Estado es el de “facilitador” aunque admite que las burocracias no son fáciles de reconvertir. Señala que mientras la inversión en I+D es 70% del sector público y el resto, privados; en biotecnología la ecuación se invierte. “Se necesitan incentivos fiscales para ser competitivos; en todo el mundo los hay y acá existen, pero a veces son escasos -continúa-. Los marcos regulatorios están; hay que poner más énfasis en la ejecución. También más acompañamiento de Cancillería cuando las empresas salen al exterior, en especial las más pequeñas”. En lo macro, subraya que es “muy difícil” atraer inversiones con vaivenes económicos y cambios reglas de juego. “Hace falta un entorno amigable para evitar que la localización de las empresas sean en otro país”.

Rodolfo Bellinzoni, director de Operaciones Industriales e Innovación de Biogénesis Bagó, ratifica que la Argentina tiene potencial, gracias a los recursos naturales y también a la preparación de los profesionales del ámbito científico. “Para fortalecer el posicionamiento a nivel regional, y en el escenario mundial, es necesario el trabajo conjunto de los sectores público y privado y una inversión sostenida en investigación y desarrollo. La identificación de jóvenes talentos y el apoyo al desarrollo de emprendimientos también es parte de ello”, añade.

 

Biogénesis Bagó se especializa en el desarrollo, producción y comercialización de tecnologías destinadas a la salud animal; sus productos llegan a 33 países de América, Asia, Europa, Medio Oriente y Norte de África. Es el mayor proveedor a nivel mundial de vacunas contra la fiebre aftosa, con una capacidad productiva de 700 millones de dosis por año y también el primero en vacuna antirrábica canina, con 50 millones de dosis producidas este año. Bellinzoni explica que como resultado de su posicionamiento como referente global en vacuna antiaftosa, consolidaron los procesos de transferencia de tecnología y la provisión del servicio de banco de antígenos y/o vacunas para diferentes países como una nueva unidad de negocios. La empresa fue elegida este año por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos como uno de sus proveedores de antígenos y vacunas para un banco de vacunas; el contrato firmado es por 17 años, adicional al que ya tenían hasta 2032 con el Banco Norteamericano de vacunas contra la fiebre aftosa y que Estados Unidos integra con México y Canadá.

La compañía es el primer exportador de la industria veterinaria argentina, con el 30% de las operaciones globales y está tercera en el ranking de todas las exportaciones del sector farmacéutico (humano y veterinario) después de Massone y Abbot.

Pero la biotecnología va más allá. En 2012 nació comercialmente Kheiron Biotech, empresa que hace clonación de caballos deportivos y también edición génica para cría de precisión. Por otro lado, Facyt es una empresa cordobesa nacida hace 24 años dedicada a la formulación, fabricación y comercialización de agroproductos (fertilizantes, coadyuvantes, inoculantes, fungicidas, herbicidas e insecticidas tanto químicos como biológicos); cuenta con cuatro plantas. Su fundador, Héctor Laca, repasa que tienen presencia en el mercado local, Bolivia, Paraguay y Uruguay. “Este es un país un poco difícil, tanto para exportar como para importar. Siempre estuve convencido de que al medio ambiente hay que cuidarlo y ese fue el valor que fui profundizando. Trabajo con universidades y con el Ceprocor (centro científico-tecnológico de Córdoba) para hacer productos interesantes”.

Para Bellinzoni las ventajas competitivas se basan en la “inversión constante” en I+D en biotecnología. “Nuestro foco está en lograr los mejores estándares de calidad de nuestros productos, así como en hacer crecer el negocio de manera sustentable, promoviendo la diversificación en territorios y especies. Trabajamos para que la biotecnología ayude a prevenir enfermedades y también mejore las condiciones de producción animal -señala-. Constantemente nos esforzamos en ser competitivos en el cumplimiento de las normas de calidad a los efectos de ofrecer productos de clase mundial, cumpliendo con las normas más exigentes y adaptándolas a cada país donde operamos”, cierra.

Fuente: La Nación

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